lunes, 22 de diciembre de 2014

9. ORIGEN DEL LAVADERO PÚBLICO DE ALMACILES

Los lavaderos públicos tuvieron su origen en épocas muy antiguas pero fue durante el siglo XIX cuando la construcción de éstos fue más notoria, no podemos olvidar que las labores del lavado se realizaban en la vera de los ríos, arroyuelos, acequias y otras corrientes de agua en la que ésta era abundante.
La creación de estos lavaderos supuso un avance importante para la mujer a la hora de llevar a cabo el lavado de la ropa de la familia y del hogar. Indudablemente no era igual estar arrodillada durante varias horas junto a una acequia y a la intemperie, que hacerlo de pie con las manos a un nivel próximo a la pila y al agua, en un recinto cubierto.


Fachada del lavadero de Almaciles.
En el Municipio de Puebla se construyeron (sobre todo en la primera mitad del siglo XX) varios lavaderos al aire libre junto a fuentes y acequias: Balsa nueva, Bugejar y Casa Vieja, entre otros. Hubo Incluso uno cubierto de reducidas dimensiones en San Ginés, y otro en la finca del Barranquito. Pero éstos fueron para uso exclusivo de los  dueños y empleados de dichas fincas.
No obstante, el único lavadero cubierto para uso público que existía en este municipio era el de Almaciles.


Las tres pilas que conforman el lavadero.
Origen y reconstrucción
Los primeros datos que disponemos sobre el lavadero de Almaciles corresponden al año 1893. El 12 de marzo de ese año, en un pleno celebrado por la Corporación Municipal de Puebla de Don Fadrique bajo la presidencia de su alcalde don Sebastián Esteller Guijarro, el concejal y alcalde pedáneo de Almaciles don Francisco Ortiz Castillo, haciendo uso de la palabra, expuso que el antiguo lavadero público que existía en las inmediaciones del pueblo, en una finca propiedad de don Calixto Rioja Robles, fue deteriorándose poco a poco hasta el punto de desaparecer.
Este concejal hizo una propuesta a la corporación para que, por los medios legales, el lavadero fuera reconstruido o, en su caso, se hiciera otro nuevo, surtiéndose de las mismas aguas que el anterior, puesto que eran las sobrantes de las únicas aguas potables que tiene la localidad de Almaciles.
Don Francisco Ortiz Castillo hizo hincapié en la necesidad que había en este pueblo de recuperar dicho lavadero público, cuyo origen se remontaba muy probablemente a los años 1850-1860. La corporación deliberó sobre este asunto y acordó hacer un estudio de la situación para presentarlo en la siguiente reunión.
Efectivamente, en el pleno celebrado a primeros de abril, los concejales aprobaron la reconstrucción del lavadero con un presupuesto de cuatrocientas noventa y ocho pesetas para realizar las obras que para este menester fueron necesarias.
Así, el lavadero de Almaciles se reconstruyó en el otoño de 1893 y las pagó de su bolsillo el mismo concejal don Francisco Ortiz Castillo, siéndole abonada dicha cantidad por el ayuntamiento en diciembre de ese mismo año.
Terminadas las obras, el lavadero quedo constituido en forma de planta rectangular de 60 metros cuadrados con dos pilares o columnas centrales que sostenían una techumbre o tejado a dos aguas con vigas de madera y sin paredes laterales, albergando bajo dicho tejado dos pilas para el lavado propiamente dicho y otra para enjuagar la ropa.
El agua del que se nutría este lavadero procedía, como ha quedado dicho, del caño o fuente de agua potable que había, y aún sigue existiendo, en la plaza de la Libertad y del que se surtían todos los vecinos.
El agua sobrante de esta fuente iba canalizada por tubería al pilar o abrevadero donde daba servicio al numeroso censo de caballerías existentes y, desde ahí, otra vez la sobrante se dirigía igualmente por tubería hacia el lavadero que se encuentra ubicado unos treinta metros más abajo en la misma calle Huéscar.
La escasez de agua que existía en Almaciles en aquella época ocasionaba algunos conflictos entre una población cuyo número de habitantes iba en aumento. Ante tal situación, el ayuntamiento de La Puebla llegó a un acuerdo en el año 1895 con el propietario del cortijo de la Umbría para que éste cediera un porcentaje de agua del nacimiento allí existente para cubrir las necesidades que Almaciles requería de este preciado bien, llegando al poco tiempo canalizada por medio de una tubería de cerámica hasta el pilar o abrevadero donde el agua se vertía por medio de un caño o tubo de acero.


Vecinos del lavadero fotografiados sobre un carro en la puerta del mismo. de izquierda a derecha Misericordia Romero, Josefina Fernández, Julián  Román, Prisca Ortiz, José Tristante, Vicente y Severina Martínez y José Martínez padre de ambos. (Foto cedida por María de la O Martínez Tristante). 
Posteriores remodelaciones
Fue a principio del año 1945 ante el sentir general del vecindario y debido a las bajas temperaturas que se producían en invierno que llegaba incluso a congelarse el agua de las pilas, cuando el alcalde pedáneo don Eduardo Gutiérrez García solicitó al ayuntamiento que se tapiara en su totalidad para convertirlo en un recinto cerrado con una puerta de acceso.
De modo que, tras su aprobación por la corporación municipal, ese mismo año se realizaron las obras de acondicionamiento del lavadero, con la aportación de 1.500 pesetas por parte del ayuntamiento y los vecinos del pueblo que contribuyeron con 50 pesetas por familia.
Posteriormente, ya en fechas recientes (2008) el ayuntamiento llevó a cabo con la anterior corporación municipal la última reforma, y aunque en ella se han modificado algunos elementos originales como los pilares que sostenían la techumbre, que por otra parte también ha sido transformada, podemos decir que gracia a ello este lavadero público que ha estado varias veces al borde de la desaparición, se sigue conservando después de siglo y medio, como parte del Patrimonio Cultural de Almaciles.
Normas y funcionamiento para su uso
Las normas para el funcionamiento y buen uso del «lavaor», como se dice por aquí, estaban enmarcadas dentro de las tradiciones y costumbres que se venían aplicando desde sus inicios; las mujeres del pueblo se encargaban diariamente de la limpieza, con el fin de dejarlo preparado para el día siguiente. Esta operación se realizaba por tandas o turnos de dos vecinas que cada tarde procedían a vaciar las pilas, fregarlas y taparlas de nuevo para que durante la noche se llenaran de agua y quedaran dispuestas para el día siguiente. Para ello se ayudaban con escobas y un gancho de hierro terminado a modo de barrena.
Las tandas se iban sucediendo por todas y cada una de las calles del vecindario hasta recorrer la totalidad de las casas del pueblo, excepto las que estaban habitadas por personas mayores o incapacitadas, en cuyos casos se pasaba el turno a la casa siguiente.
Llegado el momento de lavar, a algunas mujeres no se les hacía tarde, pues antes del amanecer ya se encontraban en el «lavaor». Llegar temprano les daba el privilegio de elegir el mejor sitio, a la vez de lavar y enjuagar la ropa con las aguas limpias que contenían las pilas. Las menos madrugadoras, en cambio, debían conformarse con el agua turbia y enjabonada que dejaban las demás.
En invierno, debido a las bajas temperaturas, que en muchas ocasiones descendían a varios grados bajo cero, se solían llevar un cubo con agua muy caliente con el fin de ir introduciendo las manos de manera intermitente mientras realizaban el lavado.
Aparte de su funcionalidad, los lavaderos eran lugares de encuentro y relación social donde las mujeres hablaban sobre confidencias íntimas que la sociedad se negaba a escuchar, también comentaban las noticias y acontecimientos del pueblo a la vez que expresaban sus penas y alegrías, en unos tiempos donde la escasez y la necesidad dejaban poco tiempo para el humor.
En el año 1977 se dotó al pueblo de alcantarillado y agua corriente, esto hizo que el progreso tecnológico con los electrodomésticos se pudiera aplicar a las tareas domésticas. Lo que provocó que el lavadero cayera en desuso y quedara inhabilitado al poco tiempo, al igual que sucedió con el pilar o abrevadero en años anteriores.

Lavadero de San Ginés (Puebla). (Foto cedida por Alejandro Marín).

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Fuente: Archivo Municipal de Puebla D. Fadrique.





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