sábado, 6 de diciembre de 2014

23. MUNICIPIO DE PUEBLA DE DON FADRIQUE: EPIDEMIA Y CATÁSTROFES NATURALES ACAECIDAS EN EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX


Estos datos están recogidos del Archivo Histórico del Ayuntamiento de Puebla de Don Fadrique, en donde hay escritas numerosas páginas de la historia de este Municipio y de sus gentes, entre ellas, los sucesos que se citan a continuación.
 Es sabido que entre el año 1918 y 1919 se desató una pandemia de gripe en todo el mundo (conocida como Gripe Española) que causo decenas de millones de muertos. Según estimaciones de la época, en España hubo cerca de 8 millones de infectados con unas 300.000 personas fallecidas.
 El Municipio de Puebla de Don Fadrique, al igual que el resto de España, se vio seriamente afectado por esta enfermedad infecciosa. Tal era el número de contagiados que la Corporación Municipal reunida el 6 de octubre de 1918 solicitó al Gobierno Civil de la provincia, autorización para que la ermita de la Soledad sirviera de forma provisional para albergar a los contagiados de esta enfermedad, toda vez que las habitaciones del hospital —según la Junta de Sanidad de La Puebla— resultaban insuficientes.
También se acordó nombrar un vigilante en la acequia de Bugejar con el fin de impedir que en dicha acequia se lavara ningún tipo de ropa y efectos personales hasta nueva autorización, con el fin de evitar  la propagación de la gripe. Pues se tenía la noticia de que en varios cortijos del campo existían personas contagiadas de esta enfermedad.
Ante la situación de catástrofe que se estaba produciendo en España y en este municipio en particular, como medida preventiva para evitar el contagio, la corporación municipal presidida por el alcalde don Manuel de Lacruz Penalva tomo la decisión de suspender la feria que debía de celebrarse entre los días 12 y 16 de octubre de este año 1918.
Y por si esto no fuera suficiente, el invierno de ese mismo año se mostró con una crudeza feroz. Los grandes fríos y las continuas nevadas que se iban produciendo, hacían que los obreros no pudieran dedicarse a realizar sus trabajos habituales en el campo o en la sierra, lo que conllevó a que muchas familias empezaran a carecer de las primeras necesidades.
Hasta tal punto llegó esta situación, que el pleno del Ayuntamiento se tuvo que reunir en sesión urgente y extraordinaria el día 2 de enero de 1919 acordando de forma unánime que se pusieran a disposición de los panaderos de Puebla y Almaciles 540 kilogramos de trigo para que elaboraran el pan que habría de repartirse equitativamente a las familias necesitadas de las dos localidades.
La climatología muchas veces benefactora y pacífica; otras agresora y violenta, dejó muestra de esta última versión el 10 de junio de 1929. Ese mismo día por la tarde una tormenta de agua y granizo descargo a lo largo y ancho del municipio. Sin lugar a dudas, esta «nube» se convirtió en una de las más devastadoras que se han conocido en la comarca. Pues no solo arrasó la inmensa mayoría de las cosechas sino que se llevó por delante la vida de dos personas: dos hombres que fueron arrastradas por las aguas muriendo ahogados.
Ante la realidad presente, la Corporación municipal presidida por el alcalde don Juan José Guijarro González-Olivares se reúne una vez más en sesión extraordinaria el 14 de junio para informar de las noticias que se van recibiendo sobre los destrozos causados por la tormenta que descargó el día 10.
Según manifiesta el alcalde, estas noticias son en extremo desoladoras, pues independientemente de las dos personas que han perdido la vida arrastradas por las aguas, y el gran número de animales desaparecidos, la cosecha de cereales puede considerarse en su totalidad perdida, quedando en una situación apurada para muchos labradores que, careciendo de otra clase de bienes, solo esperaban recoger de sus tierras el producto de su trabajo.
Así que, ante la magnitud de la catástrofe y los efectos devastadores producidos, la Corporación recaba el auxilio de la Diputación Provincial para todos los damnificados.
Durante esos días se celebraron en La Puebla diversos actos religiosos, dirigidos especialmente a las Santas Patronas, invocándoles la protección de estas tierras y  de sus habitantes, ante la presencia de las abundantes catástrofes y desastres naturales que se vienen produciendo.
En la iglesia de Almaciles también se realizaron actos análogos, entre ellos una novena ofrecida a S. Antón, patrón de la localidad.

                                                                                  Juan García Tristante








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