lunes, 29 de diciembre de 2014

2. ALMACILES: RASGOS HISTÓRICOS Y ETNOGRÁFICOS


DE LA PREHISTORIA A LAS PRIMERAS CIVILIZACIONES
Si pudiéramos hacer un viaje en el tiempo y retrotraernos a estas tierras antes de que el ser humano hiciera su aparición en ellas, nos encontraríamos con  bosques vírgenes de pinos, encinas y olmos, que junto a sabinas, enebros y otras especies arbóreas constituirían un exuberante espacio natural de extraordinaria belleza.
Veríamos fuentes y jordanas con agua cristalina manando de rocas cubiertas de musgo y rodeadas de helechos. Oiríamos el canto de aves y pájaros de todas las clases, y observaríamos a cabras montesas, corzos, ciervos y muflones  corriendo entre la maleza huyendo de lobos, osos y otros depredadores que dominaban en este territorio.
Seguramente, nos encontraríamos con un riachuelo de generoso caudal, en el que truchas y cangrejos junto a otros pececillos compartirían sus limpias aguas procedentes de la Sierra de las Cabras y del Barranco el Romero, y tras cruzar la cañada de Almaciles seguiría su curso por la Rambla Honda para ir a desembocar en la laguna del Campo de Bugejar.
No es de extrañar, ante el aspecto de tan atractivo y variopinto paisaje, con un terreno que brindaba  abundancia de agua, caza, pesca y frondosos bosques, que los primeros humanos que hicieron su aparición por estos dominios aprovecharan tales condiciones para convertirse en moradores de este territorio. Las evidencias arqueológicas dan muestra de esta presencia humana durante el Paleolítico.



Puñal de silex y hacha de piedra pulimentada provenientes de un yacimiento que se encuentra junto a la escuela vieja, en almaciles. Ambas piezas se muestran en el Museo Arqueológico de Puebla de Don Fadrique.
Desde, al menos, el V o IV milenio a.C., lo que en arqueología se conoce como Neolítico Medio, en esta tierra se establecieron pequeños grupos o comunidades campesinas que conocían y practicaban la agricultura (aunque de una forma muy rudimentaria) y el pastoreo. Éstas se refugiaban en cuevas y abrigos naturales o en pequeños poblados al aire libre.
Una muestra de esta actividad humana se encuentra en Almaciles, en un asentamiento a pocos metros de la antigua escuela, junto al viejo camino de la Umbría, donde se puede apreciar un yacimiento de no mucha extensión en el que afloran restos eneolíticos, junto a otros de la época ibérica y romana.
 Eran los tiempos en que se decía que una ardilla podía cruzar la península ibérica de norte a sur saltando de árbol en árbol sin la necesidad de descender al suelo.
Igualmente, existen varios yacimientos o asentamientos de origen Ibero-Romano de  relevancia como Molata de Casa Vieja, Cortijo de la Merced o Pedrarias, los cuales han propiciado el estudio de numerosos investigadores y descrito por autores como Sebastián Miñano (en el caso de Molata), en la primera mitad del siglo xix.
De igual manera, aparecen otros restos antiguos en el lugar conocido como la Rambla Honda, a dos kilómetros, al sureste de Almaciles, junto a un pequeño montículo llamado el «Cerrico». Estos restos de construcción que aquí se conocen como Obra o Puente de los Moros, se cree que pertenecen a una presa que, en ese punto, cerraba el cauce para almacenar  agua. Está construida con piedras y argamasa, se aprecia unos huecos cilíndricos que podrían ser los lugares donde irían incrustados los troncos de madera. En sus alrededores no se ven vestigios arqueológicos, por lo que es difícil precisar si es romana o de periodos posteriores.   
Una muestra que avala esta consideración es que, hasta mediados del pasado siglo, todavía se podían observar desde el «Cerrico» en dirección sur, estructuras y señales en el terreno del  canal que conduciría las aguas procedentes de la mencionada presa. Señales que desaparecieron con la llegada de los tractores y  los nuevos aperos de labranza.
Esto indica que, en los primeros siglos de nuestra era, el cultivo de cereales se extendía ya por toda la zona y la población existente estaba diseminada en villas, alquerías y cortijos, tal y como se les denominó en las distintas épocas.
EDAD MEDIA
Aquel extenso y oscuro período histórico de la civilización occidental, comprendido entre los siglos V o XV, coincide en España (según los historiadores), con la caída del Imperio romano de occidente (año 476) hasta el descubrimiento de América (1492).
Poco sabemos de la dominación visigoda en Almaciles, sólo algunos restos cerámicos poco importantes de la época Medieval, unos topónimos que no nos proporcionan datos acerca de su pasado y  escasos testimonios en la documentación castellana de la época.
Tampoco contamos de forma abundante con vestigios del periodo hispanomusulmán, quizá el más importante corresponde a un tesorillo de monedas de plata hispanoárabes (Dírham) que se encontraron en la primera mitad del pasado siglo, en Almaciles, y expuesto durante varias décadas en el Museo Arqueológico de Murcia. Monedas que ya no se muestran en este museo tras su remodelación hace algunos años.
Tesorillo de monedas de plata (Dirham) encontrado en Alamaciles
No obstante, teniendo en cuenta que el topónimo Almaciles, como veremos más adelante, se considera de origen árabe es plausible que aquí existiera un asentamiento con algunas alquerías (cortijos) de población islámica basada en una economía agropecuaria.
Pues hay que tener en cuenta que estas tierras pertenecieron varios siglos a la jurisdicción de Tudmir (Murcia) y posteriormente fueron frontera entre el Reino Católico de Castilla y el Reino Islámico de Granada, causa por la cual pasó de manos musulmanas a cristianas y viceversa, en numerosas ocasiones.
Año 1436, primeros datos sobre el origen de Almaciles
Uno de los primeros documentos escritos donde aparece reflejado el topónimo de los AlmarÇiles, origen del actual nombre de este pueblo, se remonta a casi 600 años atrás, cuando estas tierras pertenecían a la Orden Militar de Santiago, dependiente de la Encomienda de Segura de la Sierra (Jaén).
Se trata de una sentencia arbitral dictada el 5 de julio de 1436 por D. Rodrigo Manrique (padre del poeta y escritor Jorge Manrique), comendador de la villa de Segura de la Sierra y alcaide y capitán mayor de la villa de Huéscar que establecía el límite entre ambas poblaciones y el aprovechamiento común de ciertas franjas de tierra.
Esta importante sentencia está recogida en un traslado de 1519 inserto a la vez en un pleito de 1530 (documento conservado en el Archivo Municipal de Huéscar).
A continuación se muestra un fragmento de dicha sentencia que hace referencia a la Rambla de los AlmarÇiles: 
“ Avala la dicha villa de Huescar para sí el otro término que queda limitado por los dichos mojones hasta la parte de la Fuente de Los Pastores con el dicho calar de la Guillimona, otro sí quedaba e dio por mojón e limites dende el dicho primero mojón que está en el dicho Royo Frio Ayuso hasta dar en el río de Çumeta, e al rio Ayuso, hasta dar al Royo de los Vacarizos arriba hasta partir con Taybilla e la Rambla de los Almarçiles
En este documento también aparece el nombre de Bolteruela:
“E ansí mostrada e presentada la dicha escritura en la manera que dicha es, su merced dixo que lo avía por presentado e que mandaba e mandó se asiente en el proÇeso. Testigos Juan de Montoya e Juan Navarro vecinos de Alcaraz, e Cristóbal de Olivares, vecino de Bolteruela”
Otro dato que surge en este escrito, es el que se refiere a Huéscar y a su territorio como frontera con los moros del Reino de Granada

EDAD MODERNA
 La conquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492 y el Descubrimiento de América ese mismo año, marcan el inicio  de la Edad Moderna.
Tres años después (1495) otro acontecimiento va a condicionar el devenir histórico de esta comarca. Se trata de la cesión de los Monarcas a don Luís de Beaumont (cuñado del rey Fernando), conde de Lerín y condestable de Navarra, del señorío y luego marquesado vitalicio de Huéscar, en compensación por la pérdida de sus dominios en Navarra, desde donde había sido expulsado a causa de su actitud pro-castellana.
La muerte del conde de Lerín en 1508 hizo que este señorío pasara de nuevo al dominio de la corona, recuperando Huéscar su condición  de territorio realengo. Además se le concedió una serie de privilegios reales sobre montes y aguas que aún conserva.


Retrato en lienzo del II Duque de Alba don Fadrique Álvarez de Toledo expuesto en el salón de actos del Ayuntamiento de Puebla de Don Fadrique.  Copia realizada en los años 1957-58 del cuadro original que se encuentra en el palacio de Liria (Madrid). 
Esta situación no duró mucho tiempo, porque en 1512 las tropas castellanas entraron en Navarra bajo el mando del II Duque de Alba, don Fadrique Álvarez de Toledo, quien recuperó las tierras perdidas por el condestable. Esto hizo que en el año 1513 el Rey entregara como recompensa al Duque, el señorío con dominio permanente de Huéscar y Castillejar.
Una decisión que no sentó nada bien a los vecinos de Huéscar, quienes reclamaban que estas tierras siguieran en su condición de realengo, tal como quedó estipulado en su capitulación con el rey Fernando. Ello supuso que al fallecimiento de éste, en 1516, se produjeran altercados y motines sangrientos.
Volviendo al año 1509, una vez que el marquesado retorna otra vez a la corona, el monarca recurre a fincas y terreno roturables de España para realizar donaciones y concesiones derivadas de compromisos políticos y militares. En este caso, para retribuir a los caballeros que junto al Gran Capitán habían merecido premio por los servicios prestados en las campañas de Nápoles. 
Una de las familias favorecida por esta medida, con buena parte del Campo de la Puebla, fue la de los Serrano de Huéscar. Esta acaudalada familia pertenecía a la oligarquía oscense, en la que uno de sus miembros, el capitán don Pedro Serrano, a la sazón Señor de los Almaciles quedó bien heredado con la propiedad de abundantes fincas, casas y ganados, en los mismos Almaciles.
Hubo otros personajes, entre ellos algunos mercaderes extranjeros como el milanés Mayno de Cernúsculo,  que amasaron grandes fortunas. Éste disponía de un lavadero de lanas en Huéscar y de cuantiosas tierras en toda la comarca, incluida una extensa finca en Pedrarias donde se encontraba la famosa venta de Martín Serrano.
Ésta era una de las ventas de postas situada junto al camino real que comunicaba Levante con Andalucía. Camino por el que viniendo de Caravaca, pasaba por el Moral y Pedrarias, cruzaba todo el Campo de Bugejar por Las Casas de don Juan hasta Huéscar.
Por Pedrarias pasó el Rey Fernando el Católico con su séquito el 13 de julio de 1488 en dirección a Caravaca, después de la capitulación de Huéscar y tras recoger con sus propias manos las llaves de esta ciudad, durmiendo esa misma noche en la antiquísima venta del Moral.  
 Toponimia de  Almaciles y su origen árabe
 El término topónimo, en sentido general, hace referencia al nombre geográfico con el que designamos a un lugar determinado, bien sea pueblo, ciudad, paraje, campo, sierra, rambla, etc., y está estrechamente relacionado con la historia, la lingüística y la cultura de los grupos humanos que lo habitaron en el transcurso del tiempo.
Es indudable que el entorno geográfico, la orografía y la fisonomía paisajística fueron determinantes para que este lugar adoptara en la época árabe el nombre primigenio de los AlmarÇiles,
Esos rasgos físicos y paisajísticos están marcados por la rambla y cañada que lleva su nombre;  por ser enclave de cruce de caminos con otros territorios y por su situación a caballo entre dos elevaciones montañosas. Rasgos en los que se basan las interpretaciones de los autores y fuentes documentales que se citan a continuación. 
El historiador y profesor don Vicente González Barberán afirma en algunos de sus trabajos que Almaciles debe su procedencia al vocablo árabe Al-mancil, que significa venta o casa de postas en los caminos (lugar donde los transeúntes que se dirigían a otros destinos paraban a repostar antes de seguir su viaje). También hay algún autor que relaciona igualmente su procedencia del árabe AlmaÇeriya, lo que viene a indicar «casas en lo alto», tal vez por encontrarse enclavado entre dos elevaciones montañosas.
 Otras publicaciones lo relacionan con el vocablo árabe Almacil sinónimo de Al-masil, cuyo significado es en corriente o curso de agua. Dato éste a tener en cuenta, ya que la Rambla de los Almaciles mantenía en la antigüedad un caudal permanente del líquido elemento. 
Ahora, cabría preguntarse el motivo por el cual se conoció durante varios siglos con el nombre  de Los Almaciles.
La respuesta la tenemos en el siguiente documento de donación de tierras por parte de doña Quiteria Nieto en favor de uno de sus siervos, José Muñoz. Este documento procede de un protocolo notarial del siglo XVII:
“[…]Y por escritura su fecha en los cortijos de los Almaciles término de Huéscar a 29 de marzo de 1606 ante Fernán López Arroyo escribano, Doña Quiteria Nieto viuda del dicho capitán Pedro Serrano hizo donación a José Muñoz de treinta fanegas de tierra blanca detrás del Cerrico de Sancho López hasta dar al Barranquillo = Y un sitio de solar donde llamaban la Ñora.
En nombre de Dios Nuestro Señor y de la siempre Virgen María Señora Nuestra, sepan cuantos esta carta de donación vieren como yo Doña Quiteria Nieto viuda del Capitán Pedro Serrano vecina de la ciudad de Huéscar residente en mis Cortijos de los Almaciles término de la dicha ciudad e su jurisdicción digo”
El documento refleja claramente el término «Cortijos de los Almaciles», lo cual indica que en el mismo lugar donde se asienta actualmente el pueblo ya existían, hace más de 400 años, varios cortijos así denominados. De ahí,  el actual nombre de Almaciles.
Esto nos da una idea del origen y la antigüedad de este topónimo como territorio habitado, conocido a través de los tiempos como:
·        Los AlmarÇiles (en la baja edad media)
·       Los Almaciles (desde principio del siglo XVI hasta el XIX)
·      Almaciles (a partir de la segunda mitad del XIX)
Como dato curioso, hay que indicar que en algunos planos y mapas del siglo XVIII también se refleja con el nombre de Martín Serrano debido, con toda probabilidad, a que muchas de estas tierras formaban parte del mayorazgo de los Serrano.
Lo cierto es que los Almaciles ya contaban en siglo xvi con población suficiente como para que allí se erigiera una ermita rural con el fin de que sus feligreses pudieran recibir auxilio espiritual. Ermita que se construyó a expensas de D. Pedro Serrano y su esposa Dª Quiteria Nieto, (Señores de los Almaciles), y que se consagró en el año 1586.
Durante el siglo XVII se desarrolló un núcleo de creciente población y la construcción de nuevas casas alrededor de la ermita, pero no es hasta el último tercio del siglo XVIII cuando se conforma un núcleo urbano homogéneo con calles y plaza, donde la parte alta de la localidad (poniente) se denominaría Pedroche y el sector ubicado en la parte baja (levante), Asperilla.
A lo largo de este período el número de vecinos de Los Almaciles iba en aumento, esto motivó que la ermita rural pasara en el año 1787 al rango de parroquia con cura propio y permanente.
EDAD CONTEMPORÁNEA
 Este período histórico comienza en España en 1808 con el inicio de la Guerra de la Independencia. Fue en estos principios de siglo XIX (1801)  cuando Puebla de Don Fadrique  se independizó de Huéscar y se convirtió en villazgo, asignándole unos años después sus límites territoriales (término municipal) en el que Almaciles quedaría adscrito como anejo. Pues hasta ese momento, tanto Puebla (conocida hasta el  año 1525 con el nombre de Volteruela o Bolteruela), como Almaciles, pertenecieron a la jurisdicción de Huéscar.
En este siglo XIX Almaciles seguía siendo un pueblo dedicado a la agricultura y a la ganadería, por tanto, la vida cotidiana de sus vecinos transcurría con estrecha dependencia al ciclo agrícola, sosteniéndose básicamente con el consumo de productos procedentes de sus tierras y ganados: pan, carne, leche, queso, huevos, frutas y hortalizas entre otros.
Almaciles tampoco fue ajeno a los acontecimientos que se desarrollaron en este convulso y problemático siglo, pues por aquí pasaron tropas invasoras francesas. Pernoctaron fuerzas carlistas la noche del 2 de marzo de 1838, cuando se dirigían a Caravaca y Moratalla. Igualmente fue testigo de la alternancia de gobiernos entre conservadores y liberales o de cambios de régimen político como el de la Primera República en el año 1873 del que da fe el siguiente documento: 
Puebla de Don Fadrique.
Sesión de la Junta Pública el día 14 de febrero de 1873
“En virtud de las faustas noticias que por diferentes conductos tuvo el Partido Republicano de esta Villa de Puebla de Don Fadrique los días trece y catorce de los corrientes a costa del triunfo de sus ideas, triunfo tanto más célebre cuanto se había alcanzado sin derramamiento de sangre”
“[…]Se dio cuenta de una comunicación de Almaciles en el que el pueblo se había pronunciado al santo grito de ¡viva la República! Y que con el mayor orden se había proclamado aquella forma de gobierno y aclamado alcalde de la aldea en sustitución de quien lo era, Quintín García, al ciudadano Sebastián Martínez García, cuyo nombramiento confirmó la Junta, respetando la soberanía de aquellos habitantes, así como la satisfacción con que veía su patriótica conducta”.
Se sabe que la Primera República española fue proclamada por Las Cortes el 11 de febrero de 1873  ante el inoperante intento de la monarquía de Amadeo de Saboya y tras su abdicación. La República duró hasta el 4 de enero de 1874, no llegó a once meses.
Siguiendo la cronología de Almaciles, vamos a retornar de la mano de Pascual Madoz a mediados de siglo, por medio de su Diccionario Geográfico-Histórico-Estadístico, publicado entre 1844 y 1850, en el que hace la siguiente descripción:
“Almaciles: Aldea con alcalde p. en la prov. de Granada, part. jud. de Huescar, térm. jurisd. y a una legua al E. de la Puebla de D. Fadrique (V.): SIT. en una cañada que se extiende de NO. a SE. junto al camino de herradura de la prov. de Almería a Sierra Segura; tiene una parroquia rural y aunque escasa de agua potable, fertiliza el término la rambla llamada de Caballer, después de las grandes lluvias y tempestades. No lejos de la aldea se descubrió en el año 1819 un sepulcro que contenía un esqueleto entero, puesto de cuclillas, de un niño de 10 o 12 años de edad, y dos de hombres atravesados de pecho a espalda con una lanza de cobre sin cubo.
Población 153 vecinos. 694 habitantes. Además de los feligreses que residen en cortijos aislados”.
 Demografía y población
En la tabla que se presenta a continuación se muestra el número de nacimientos, en Almaciles,  entre los años 1787 y 1871. En ella se puede ver el aumento progresivo de natalidad que se va produciendo  a lo largo de casi un siglo. Lo cual, y pese a las altas tasas de mortandad infantil, cifradas entre 30 y 40%, así como la baja esperanza de vida, la población sigue, no obstante, con un crecimiento natural.
Período de tiempo
Total de nacimientos
Nº de nacimientos al año
media de nacimientos al mes
1787-1827  (40 años)
1.364
34
2,84
1840-1851  (11 años)
707
64
5,33
1852-1856  (4 años)    
292
65
6,08
1863-1871    (8 años)
598
75
6,25


Durante aquella época y a lo largo  del siglo XIX, la roturación de nuevas tierras forestales para transformarlas en agropecuarias, especialmente para cultivo cerealista, creó la necesidad de mano de obra tanto de jornaleros, como de colonos o labradores.
Esto produjo que se establecieran en Almaciles y en los cortijos próximos, numerosas familias procedentes de la misma Puebla y de los municipios vecinos de Nerpio, Moratalla, Caravaca, incluso de Cehegin y Lorca; lo que contribuyó al aumento de la población en Almaciles.
Otra muestra de este aumento de población entre 1850 y 1950 lo podemos ver en los siguientes censos:
·        Madoz año 1846-1850.   familias 153,  habitantes  694
·        Padrón Municipal 1900.  familias 272, habitantes   979
·        Padrón Municipal 1945.  familias 315, habitantes 1350
·        Padrón Municipal 1976.  familias 224, habitantes   853
 No obstante, según indica la Corporación Municipal de Puebla en algunas de sus actas capitulares, entre los años 1920 y 1955 la población de Almaciles llegó a los 2000 habitantes en la estación veraniega por la necesidad de mano de obra que requería el proceso de la recolección de cereales.
Según datos del padrón municipal realizado en el año 1900, la población de Almaciles se divide en los siguientes grupos sociales o estamentos:
Jornaleros
167
Muleros
  56
Labradores
  25
Pastores
  21
Arrieros
    6
Barberos  (dos familias)
    6
Propietarios
    5
Piujareros
    5
Guardas
    5
Herreros
    3
Albañiles
    3
Carpinteros
    2
Herradores
    2
Horneros
    2
Aperadores
    2
Militares
    2
Dependientes
    2
Maestro y maestra
    2
Cura
    1
Sacristán
    1
Estanquero
    1
Mesonero
    1
Escribiente
    1

Observamos que el grupo numéricamente más importante lo integraban los jornaleros, entre los que también había mujeres. Estos jornaleros trabajaban en labores relacionadas con el campo: peonadas de siega, labranza, escarda, recogida de esparto o recolección de plantas aromáticas…
Otros, se «ajustaban» como sirvientes en casa de labradores o propietarios de tierras y ganados y, en no pocas ocasiones, eran objeto de abusos laborales o de manutención por partes de los contratantes.
Arrendamiento de tierras 
Las tierras del campo de Bugejar, incluidas las de Almaciles, generalmente se distribuían en latifundios: fincas de secano de gran extensión que pertenecían en su mayor parte a familias de la nobleza o de las oligarquías locales de Huéscar y Puebla de Don Fadrique. Alguna de estas propiedades fue producto de las desamortizaciones producidas en el siglo XIX
Muchas de estas fincas o labores eran arrendadas y, dependiendo de su extensión, el arriendo se hacía a uno o varios labradores, con la particularidad de que en muchos casos pasaban de padres a hijos, perdurando en el tiempo durante varias generaciones   
Los contratos de arrendamiento o aparcería que se realizaban en esta comarca, se regían según los usos y costumbres establecidos, siendo la mayoría de veces de forma oral, en los cuales el propietario ponía las tierras y el labrador el trabajo para su explotación.
Según estos contratos, el amo o «señorito», como así le llamaban los labradores, recibía una parte proporcional de la cosecha en grano según lo acordado, que generalmente solía ser de un tercio en las tierras más productivas y un cuarto en las de menor rendimiento. Es decir, de cada tres fanegas (en el primer caso), dos para el labrador y una para el propietario; y (en el segundo) de cada cuatro fanegas, tres para el labrador y una para el propietario.
Disponemos de datos  que se remontan a los siglos XVII y XVIII sobre la producción de cereales en Almaciles y el campo de Bugejar, en ellos se refleja como principal cultivo el trigo candeal o «jeja», nombre por el que se le conocía entonces a esta variedad de grano. En menor medida también se cultivaba centeno, cebada y vid.
Aventando "la parva" en la era.
El fenómeno de la emigración: II mitad del siglo XX
En la década de los años cincuenta se inició en Almaciles  y en toda la comarca, un proceso que sería irreversible y que cambiaría radicalmente el panorama demográfico y socio económico de este territorio: la emigración. 
Los factores que motivaron este fenómeno fueron por una parte, la reconstrucción de Alemania tras la Segunda Guerra Mundial, y la posterior expansión de las economías europeas, lo que conllevó algunos años después, al inicio de la industrialización en España de territorios como Cataluña, Madrid, País vasco y Levante. Por otra parte, la modernización y mecanización de la agricultura.
Esto hizo que numerosos trabajadores, buscando la mejora del bienestar y, sobre todo, la posibilidad de conseguir ahorros en poco tiempo, emigraran a países como Alemania, Francia, Bélgica Holanda o Suiza.
Por esas fechas también se desplazaron obreros a Cataluña en busca de trabajo. No obstante, fue en los años sesenta y setenta cuando el fenómeno migratorio adquirió mayor dimensión. Se extendió la demanda de empleo a otras zonas de España. Aunque bien es verdad que el referente de la emigración era Barcelona y su provincia, porque fue la que absorbió la mayor parte de mano de obra procedente de esta comarca.
Tampoco hay que olvidar a las comunidades de Valencia y Murcia, que fueron igualmente receptoras de muchas familias del municipio. Especialmente en esta última, porque a partir de la segunda mitad del pasado siglo se produjo un auge espectacular en la industria conservera, por lo que se necesitó recurrir a mano de obra (principalmente femenina) de las provincias vecinas para abastecer la demanda de producción en las fábricas. Ésta fue la causa por la que muchas familias de Almaciles y del resto del Municipio de La Puebla se establecieran de manera definitiva en Molina de Segura y Alcantarilla, ya que fueron las ciudades que abanderaron el florecimiento de esta industria.
También hubo familias que emigraron al Campo de Cartagena y se establecieron en la localidad de la Aljorra y en toda la comarca del Mar Menor. Otras fijaron su residencia en ciudades como Elche (Alicante) y Alcora (Castellón) aprovechando la pujante industria del calzado en la primera, y azulejera en la segunda.
Otro hecho destacable fue el boom del turismo en España, que se convirtió a partir de los años sesenta en un fenómeno de masas, especialmente el de sol y playa. Las Islas Baleares y particularmente Mallorca se convirtieron en punto de referencia para los turistas europeos que visitaban nuestro país. 
Esta circunstancia motivó que numerosos jóvenes de la comarca se desplazaran a la mencionada isla a trabajar en la hostelería, primero como temporeros, y posteriormente de forma permanente, donde muchos de ellos se establecieron definitivamente.
En cuanto a la modernización  de la agricultura, cabe reseñar que fueron los propietarios y labradores con más recursos los que mecanizaron las labores agrarias para conseguir mayores beneficios. El ejemplo más significativo de esta mecanización es la llegada de tractores y  cosechadoras.
Esto supuso que a los muchos jornaleros que tuvieron que emigrar, también se les unieran numerosos «piujaleros» o pequeños propietarios con insuficientes ingresos para adquirir maquinaria con la que modernizarse. Otros, sin embargo, se quedaron aún a riesgo de perderlo todo. Aunque a pesar de ciertas carencias, con algunas ayudas salieron adelante.
Conviene tener en cuenta que durante aquellos años, la mayoría de «señoritos» y hacendados se deshicieron de sus tierras, y la propiedad de las mismas pasó a manos de los labradores, quienes mayormente las adquirieron. Aunque también hubo familias de trabajadores emigrantes que invirtieron sus ahorros en la adquisición de parte de aquellas fincas o labores. Así se acabó prácticamente con una larga historia de arrendamientos de varios siglos.
El éxodo migratorio que se extendió a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, que tuvo su punto álgido en los años 60 y 70, dejó muy mermado el censo de las poblaciones rurales. Una muestra de ello es que Almaciles tenía, a mediados de siglo, una población próxima al millar y medio de habitante y en 1980 no llegaba a los seiscientos.
Un futuro incierto
Como tantos otros pueblos de la España rural, Almaciles se siente actualmente avocado a una lenta y prolongada agonía debido a la alta tasa de población mayor de 65 a 70 años  y el bajo o casi nulo índice de nacimientos, y mucho nos tememos que esta tendencia vaya a cambiar en el futuro, a no ser que los jóvenes matrimonios que han establecido su residencia en otras localidades, regresen a este lugar. Cosa que hoy por hoy parece bastante improbable.
Si bien es cierto que la adversidad demográfica deja a esta comarca con un  incierto futuro, no es menos cierto, por otra parte, que esta tierra ofrece un rico patrimonio histórico, arqueológico y de naturaleza, que unidos a su reconocida gastronomía y a su excelente clima veraniego, es punto de referencia para aquellos que, sobre todo en época estival, quieren disfrutar de una temperatura suave y agradable, alejada del rigor de los calores agobiantes de otras latitudes.
Para los que gozan con el frío y la nieve, la belleza paisajística, el senderismo y otras actividades de ocio y deporte ligadas a la naturaleza, esta tierra ofrece el marco ideal para su práctica. Pues no hay que olvidar que en el entorno montañoso que la envuelve se encuentra la majestuosa cumbre de la Sagra, junto a otras montañas como Sierra Seca, Guillimona, el Calar, Zarza o Revolcadores, esta última perteneciente a la vecina Comunidad Murciana. En todas ellas se pueden divisar extraordinarios y espectaculares paisajes en cualquier época del año, teniendo como testigos a la rica y variada flora y fauna de la zona.   
¡Y qué decir de la gastronomía!, de toda la vida la cocina tradicional se acompaña de ingredientes típicos de cada comarca o región, cocinados con los estilos más convencionales, lo que ensalza la materia prima por encima de cualquier cuestión de diseño o apariencia.
Así es la cocina mediterránea de esta tierra, de fuerte carácter tradicional y artesanal que sabe  conservar exquisitas recetas plenas de olores y sabores.
De manera que, cuando uno se sienta alrededor del fuego de la chimenea frente a una sartén de migas, un arroz con  guíscanos, unas chuletas de cordero segureño a la brasa o un cochinillo al horno, la experiencia gastronómica se convierte en un himno de sensaciones que armonizan los cinco sentidos. Así son los contrastes de esta tierra.

Productos del terreno




Nuestros antecesores
Como homenaje y recuerdo de nuestros antepasados, a continuación se muestra una imagen donde se puede ver a un grupo de almacileños nacidos en el siglo XIX.


Foto cedida por Aº Sánchez Martínez.



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Fuente:
A. Histórico Municipal de Huéscar
Archivo Municipal de Puebla D. Fadrique
Archivo Parroquial de Almaciles
Centro de Estudios Históricos Vicente González Barberán (Huéscar).
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Bibliografía:

1.- Madoz Pascual: DICCIONARIO GEOGRÁFICO-ESTADÍSTICO-HISTÓRICO DE ESPANA Y SUS POSESIONES EN ULTRAMAR. Madrid, 1850.
2.- González Barberán, Vicente: “COSAS DE HUÉSCAR POR ORDEN ALFABÉTICO”. Revista Úskar nº 1. Ayuntamiento, 1998.
3.- Fernández Valdivieso, J. Luis: “EL SEÑORÍO DE HUÉSCAR A TRAVÉS DE SUS DOCUMENTOS”. Granada, 2010.4.- González Barberán, Vicente: “LAS CAPITULACIONES PARA LA ENTREGA DE HUÉSCAR EN 1488”. Revista Úskar nº 4. Ayuntamiento, 2001.
Más datos en:
http://digitum.um.es/jspui/bitstream/10201/16289/1/2285037.pdf Presa rambala de Almaciles, pág. 382.  Antig. Cristi.  (J.F. Palmeiro – D.S. Várez).
http://rodin.uca.es/xmlui/bitstream/handle/10498/11199/14028463.pdf?sequence=1 Toponimia árabe y mozárabe del libro de Apeo de Cantoria, pág. 174.






   

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