martes, 9 de diciembre de 2014

22. RAMONET "EL DE LAS MANTAS"


Ramón Gambín Martínez, más conocido como Ramoné o Ramonet, fue un vendedor ambulante natural de Orihuela que con un camión cargado de mantas y otros productos textiles recorría media España pueblo por pueblo todos los años, desde mitad del pasado siglo hasta los años 80.
Ramonet con sus mantas.
Ramoné «se dejaba caer» por Almaciles una o dos veces al año, siendo en el mes de octubre cita obligada, ya que parte de la cosecha se había vendido y el invierno se acercaba de forma acelerada, por lo cual era el mes propicio para vender unos cuantos lotes de mantas a los almacileños y llevarse de paso algunos de aquellos billetes verdes, es decir, de mil pesetas de la época que daban mucho, pero que mucho de sí.
Me acuerdo de que al principio traía un viejo camión con «la caja» de madera y siempre se ponía en la puerta del bar de «Paquillo». Las primeras veces llevaba una campanilla para llamar la atención del público y congregar a todo el personal alrededor del camión, después traería un equipo de megafonía con un altavoz que cuando se acoplaba producía un silbido de tal grado insoportable que había que taparse los oídos a toda prisa. Pero todo aquello no era óbice para que el genial Ramoné empezara a realizar su trabajo.
Ayudado por su colaborador (no recuerdo ahora su nombre) abría la puerta trasera del camión y ésta, sujetándola con una cadena a cada lado, quedaba a modo de plataforma o escenario para que Ramoné empezara la subasta de sus lotes de mantas. Previamente ponía una maleta de madera que le servía como plataforma para ir apoyando encima las mantas seleccionadas.
Así que, una vez preparado, sacaba la primera manta y abriéndola al público empezaba a demostrar sus dotes de charlatán con su «pico de oro»: «Señoras y señores, miren esta manta de Palencia, acérquense, tóquenla; por esta cara va estampada de flores, por la otra, de cuadros. Puede usted ponerla en la cama por la cara que más le guste. Por esta manta le voy a cobrar 1.500 pesetas. Pero le voy a regalar esta otra ―sacaba una nueva manta de la caja―, señoras y señores, esta manta lisa de pura lana que ustedes están viendo es la más apropiada para los recién casados, esta manta es capaz de hacer milagros, sí, como les estoy diciendo: con esta manta se acuestan dos y amanecen tres. Por 1.500 pesetas les ofrezco la primera manta, esta otra, que son dos y por el mismo precio le doy una más». Y, dirigiéndose a su ayudante que se encontraba junto a él en el interior del camión, le decía: «Pásame una manta mulera». Con las mismas, Ramoné desplegaba aquella manta de cuadros mostrándola a la concurrencia e incitando a la misma a que la vieran y tocaran. «Esta manta ―decía― no debe faltar en ninguna casa, es la de Curro Jiménez y si usted sale al campo o a la sierra deberá llevarla siempre encima porque nunca se sabe lo que a uno se le puede presentar».
Así iba sacando distintos modelos, poniéndolas dobladas unas encima de otras, hasta completar el lote de unas ocho a diez mantas que contenía la subasta. Eso sí, resaltando las cualidades de todas ellas con su desparpajo y acento refinado, sus gestos, su voz y su facilidad de palabra que hacía que las personas que se agrupaban alrededor del camión no dieran crédito a lo que allí se les estaba ofreciendo.
Una vez que Ramoné había completado el lote, se disponía a escenificar el tramo final de la subasta. Para ello, comenzaba diciendo: «En el mismo lote lleva usted esta manta —dirigiéndose de abajo hacia arriba—, esta otra que son dos, otra que yo le regalo que son tres, la manta mulera que son cuatro»… Y así iba enumerando una tras otra hasta llegar a la última, tras lo cual, terminaba proclamando: «Señoras y caballeros, hoy vengo a tirar la casa por la ventana, por este lote no les voy a cobrar mil quinientas pesetas, ni mil cuatrocientas, ni mil trescientas, ni mil doscientas, ni mil cien, aquella señora o caballero que diga para mí, solo le cobro mil pesetas y además le regalo un neceser con cien piezas, ¿quién lo quiere?».
Como era de esperar, aquel lote era adquirido inmediatamente y detrás de aquel venían otros más, con lo cual el famoso charlatán cubría ampliamente sus objetivos en Almaciles.
Puesto que Ramoné siempre era cumplidor de sus compromisos, cual mago que saca un conejo de la chistera, extraía un pequeño estuche de plástico del bolsillo de su chaqueta y, dirigiéndose a la persona que se había quedado con el lote de la subasta, le decía: «Aquí tiene usted el neceser con cien piezas que le prometí». Este neceser consistía, nada más ni nada menos, en un peine que tenía 50 púas alineadas en un lado y otras 50 en el otro.
Actuación de Ramonet en un concurso de "charlatanes".
No cabe la menor duda de que la estrategia de venta que empleaba Ramonét le daba excelentes resultados, y no tenía nada que ver con los métodos de marketing y publicidad empleados actualmente en el mundo del comercio.
Ramón Gambin Martínez “Ramonet” nació en Orihuela y falleció en la misma ciudad en el 2007 a los 88 años de edad. Ramonet fue el impulsor del Concurso Nacional de Charlatanes que desde hace más treinta años se celebra en su ciudad natal.
Sirva este relato como homenaje y recuerdo de su paso por Almaciles en tantas ocasiones.

                                                                                                        Juan García Tristante


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